De nuevo ha surgido la idea de realizar una ruta en moto. Como siempre, se trata de hacer un recorrido de fin de semana en el que compaginar un viaje agradable, disfrutar de la conducción en grupo, con paisajes que merezcan la pena, con un destino en el que descubrir sitios nuevos para la mayoría, con visitas y actividades que no dejen lugar al aburrimiento, en el que haya algún motivo turístico-cultural que lo justifique y, por supuesto, que no falten lugares de diversión.
Claro, diréis que hay infinidad de destinos donde encontrar todo lo que buscamos, y así es; tenemos la suerte de vivir en un país en el que la variedad es una de sus señas de identidad, variedad de paisajes, culturales, monumentales, gastronómicas etc… Pero por otro lado, está empezando a hacerse difícil la elección, debido a que ya hemos realizado numerosas y variadas rutas y el empeño en no repetir está empezando a reducir las posibilidades.
Destinos interesantes cerca de nosotros
Muchas veces resulta que, relativamente cerca, tenemos destinos interesantes, sin necesidad de largos desplazamientos.
Lo que viene a llamarse “Turismo Rural” está cogiendo fuerza y esto hace que pequeños paraísos desconocidos para la mayoría, estén empezando a ofrecer servicios y actividades que los están convirtiendo en atractivos destinos.
El libro titulado “Viaje a La Alcarria” del Nobel de literatura Camilo José Cela nos descubre una zona poco conocida de nuestra Comunidad, en la que afortunadamente aún quedan entornos con una naturaleza casi salvaje, pueblos semiabandonados a los que cuesta llegar, otros con una fuerte carga histórica y monumental, costumbres ancestrales, una gastronomía poco conocida, en definitiva, lugares por descubrir.
Dos rutas alternativas
La ruta desde la provincia de Ciudad Real ofrece dos alternativas. Una de viaje cómodo, con el objetivo de llegar lo antes posible a destino sin importar el recorrido en sí mismo. Este tipo de viaje es además sencillo, no hay más que llegar a Madrid por autovía, coger la nacional II hacia Zaragoza y en el PK 103 hay un desvío señalizado a Cifuentes que está a unos 25 Km. Cifuentes, considerada la capital de La Alcarria, será nuestra base para conocer esta comarca.

La otra alternativa es la de viaje atractivo en el que disfrutar del recorrido, en el que se da tanta o más importancia a disfrutar del viaje como al llegar. Se trata más de “por donde” que “hasta donde”. Se deja la provincia de Ciudad Real en Alcázar de San Juan dirección a Quintanar de la Orden y desde aquí seguiremos por Villamayor de Santiago, Huete, Buendía, Sacedón, Gárgoles, Cifuentes.
Es una ruta en la que se tocan las provincias de Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Guadalajara, en la que durante unos 60 Km se bordean los pantanos de Entrepeñas y Buendía entre pinares. En la que se pasa del paisaje más típicamente manchego, llano y seco, a sierra de pinos y por último, frondosa vegetación semisalvaje. No tiene desperdicio, y si lo que quieres es disfrutar de la conducción, la elección está clara; además, las carreteras son bastante aceptables, incluso buenas.
Partiendo de Puertollano (nuestro lugar de origen) la distancia es casi la misma por las dos rutas, unos 360 Km., que se pueden cubrir en un tiempo de entre 4 ó 5 horas.
Destinos con encanto
Cifuentes es una población de unos 2600 habitantes que tiene adscritas 10 pedanías, casi todas ellas, pueblos medio despoblados, pero en entornos privilegiados. Es muy recomendable el recorrido que une Carrascosa de Tajo, Huetos, Sotoca de Tajo y Ruguilla, cercano al parque natural del Alto Tajo.
Pues parece que el viaje tiene todos los atractivos que buscamos, así que nos ponemos manos a la obra y a organizarlo. La verdad es que preparar alojamiento, comidas, visitas y todo lo demás para, aproximadamente, 16 / 18 personas en moto y en una zona poco dotada de servicios turísticos, en principio, plantea sus dificultades, pero todo se simplifica bastante cuando tomamos contacto con Manoli, una joven alcarreña que, muy servicial, nos facilita toda la organización del fin de semana.
Están confirmadas 20 personas en 9 motos y 1 coche.
La salida, el viernes 17 a las 8h 30m de la sede del Motoclub en Puertollano.
Os podréis imaginar que lo de salir a las 8h. 30m se queda en una declaración de intenciones, pero, la verdad, se contaba con algún “pequeño retraso”. Salimos de Puertollano a las 10 h.
El tiempo, como siempre, amenazando lluvia pero lo cierto es que nos respetó bastante el viaje. Solo nos llovió en un pequeño tramo de unos 20 Km al principio, por la localidad de Aldea del Rey. El resto con cuidado por zonas con el asfalto húmedo por lluvias anteriores, pero sin mojarnos. Primera y única parada para repostar y tomar un tentempié en Villamayor de Santiago. Hasta aquí el recorrido típico de nuestras carreteras manchegas, aunque elegimos rutas alternativas evitando en lo posible las largas rectas y las carreteras aburridas.
Segunda parte del viaje
La segunda parte del viaje es otra historia. Una vez se paso Huete, las carreteras se empiezan a retorcer un poco más y el paisaje va cogiendo otro aspecto.
A partir de Buendía la cosa cambia radicalmente, se entra en la zona de “Los pantanos”. Carretera ancha con buen arcén, asfalto en buenas condiciones, curvas y más curvas, entre pinares, bordeando los pantanos de Entrepeñas y Buendía. En definitiva, un recorrido para disfrutar de la conducción, y sobre todo en moto. Solo en algunas curvas, debido a la lluvia de estos días, había que andar con mucho cuidado con los restos de barro dejados por los vehículos agrícolas al salir de los caminos a la carretera.
Llegamos a Cifuentes sobre las 14h 30m. Más o menos, dentro de lo previsto. La localización del Hostal en plena plaza bajo sus soportales. Reparto de habitaciones, descarga de equipajes y poco más tarde Manoli, quién nos hará de guía en este viaje, nos recibe, nos da las explicaciones pertinentes y nos disponemos a comer.
Seguimos acumulando
Una vez repuestas las fuerzas nos encaminamos a Sotoca de Tajo. Es un recorrido de 12 Km desde Cifuentes por una carretera estrecha y sinuosa que obliga a un ritmo relajado. En definitiva, un paseo que permite disfrutar de un bonito paisaje atravesando Ruguilla donde llaman la atención los montes cercanos al pueblo llenos de cuevas; las típicas bodegas que por esta zona agujerean los cerros más próximos a cualquiera de sus pequeños pueblos. Su pequeña ermita en lo más alto de una roca que se alza sobre los tejados de Ruguilla sorprende por la majestuosidad que le da su ubicación pese a su pequeño tamaño.
Poco más adelante llegamos a Sotoca de Tajo. No vemos más que una mujer haciendo la colada en el lavadero. El conjunto de su pequeña pero coqueta plaza, que realmente es un frontón de pelota, una fuente de caudalosos caños y el lavadero con su lugareña haciendo uso de la labor para la que se creó, todo ello por la carretera alfombrada de hojas de un otoñal amarillo, le dan un aspecto que más parece un decorado artificial que un paisaje real.
A poco más de 1 Km se ve una casita blanca entre chopos a la izquierda de la carretera. Es el molino de Heraclio y Paquita, molino de agua, es decir, una edificación hecha sobre un pequeño riachuelo que cuando estaba en uso, hacía que la fuerza del agua pusiese en marcha las aspas bajo lo que ahora es la casa.
Paquita y Heraclio
Viven solos en su molino, aislados en medio de la naturaleza y a poco más de una hora de Madrid. Una zona totalmente virgen, no más de 50 habitantes repartidos entre 3 pueblos distantes 3 Km uno del otro, en medio el molino al que bajan del monte zorros y ardillas a beber agua y en busca de comida y a una hora y poco del agobio, el estrés, las prisas, el ruido, el bullicio……España tiene estas cosas. ¡Afortunadamente!
La hospitalidad de estas gentes hacia un grupo de personas con motos y “vestidos para la ocasión”, hace que hasta lo más sencillo sirva de disfrute a todos. Solo debido a la lluvia, nos quedamos con las ganas de poder dar un paseo por los alrededores, pese a ello 3 ó 4 se atrevieron a acercarse hasta “El Estrecho”, un desfiladero en el que la carretera pasa entre dos enormes rocas con el río bordeando la cuneta. Vinieron empapados.
Dos porrones, uno con vino de la tierra y otro con cerveza, sirvieron para acompañar unos chorizos y lomos caseros hechos por Paquita. Bueno, ya sabéis que los porrones tienen la ventaja de que se rellenan cuando se acaba su contenido.
De regreso a Cifuentes. Ducha, cambio de atuendo y de nuevo nos reagrupamos para la cena. En esta ocasión la cita es en el Mesón El Campanero, prácticamente en la fachada del Convento junto a la plaza. Tras la cena entre el buen ambiente, los comentarios sobre lo realizado durante el día y la camaradería reinante, unas copichuelas nocturnas dejan un final de jornada divertido y agradable.
Sábado
A las 11 h. y tras desayunar, nos espera Manoli para enseñarnos el Cifuentes monumental e histórico. Son dos horas y media visitando La Iglesia, Convento, Judería, Museo etc. Hablándonos de la influencia de la Historia en Cifuentes. Sorprende que en tan poco espacio alrededor de la plaza se concentre tal cantidad de monumentos y que con un paseo relajado y nada agotador se pueda ver tanto arte e historia. La parte más curiosa es la existencia de una calle junto al Convento que tiene el siguiente nombre en su placa:
“Calle del Cristo de la repolla”
Manoli nos contó el motivo de este nombre y las anécdotas que ha generado a lo largo de los años. No nos vamos a extender con ello, pero si visitas Cifuentes saldrás de dudas.
Comemos en el Mesón “Los Parrales”
Lugar edificado encima de una cueva habilitada como parte del bar en la que poder disfrutar en un marco pintoresco de un vino de la tierra y las afamadas truchas de la zona.
Tras la comida y las explicaciones sobre la elaboración artesanal del vino en cuevas (Que aún se sigue haciendo con los medios y procesos de antaño), cada uno a por su montura para salir camino de Gárgoles y Trillo.
De nuevo en ruta
Salimos de Cifuentes por la carretera que sigue el cauce del río que lleva su mismo nombre. El río Cifuentes nace bajo las casas del pueblo en un manantial de agua pura y cristalina que se remansa a pocos metros de su nacimiento formando una balsa plagada de truchas, para después continuar durante unos 13 km hasta Trillo donde desemboca directamente en El Tajo.
Paramos en Gárgoles de Arriba, donde tenemos que subir a un cerro donde se ubican las cuevas, para disfrutar de la cata de varios vinos de la tierra y no menos de tres variedades de orujo casero. Alguno de ellos, podría servir en caso de quedarse la moto sin gasolina. Los fumadores se lo pensaban dos veces antes de encender un cigarro. Solo unas catas, vamos, mojarse los labios y era más que suficiente.
Seguimos hasta Trillo. La carretera desde Cifuentes tiene unos 9 km, pero ¡que 9 km!, entre frondosa vegetación y con unas curvas de las que hacen las delicias de cualquier motero. Corto pero divertido.
Trillo
Es una población atravesada por el río Tajo, la primera desde su nacimiento. La desembocadura del Cifuentes se convierte en una preciosa y ruidosa cascada. Un río que hemos visto nacer poco antes mediante un pacífico y sedante manantial, en apenas 13 km se ha convertido en un caudal impresionante que, mediante un salto de agua adquiere un aspecto bronco y sobrecogedor.
Sobre el puente del Tajo, Manoli nos da todo tipo de detalles sobre Trillo, su historia y sus alrededores. El Monasterio de Ovila, desmantelado hace años y trasladado piedra a piedra al rancho de un adinerado americano que lo compró, el Balneario de Carlos III lugar al que antiguamente acudía la más alta nobleza desde La Corte en Madrid para disfrutar de sus aguas termales, la antigua leprosería y anécdotas e historias sobre Trillo.
Del bar instalado junto a la Cascada hacemos nuestro lugar de descanso y cena. El marco merece la pena. Debido a la época del año en que estamos, no podemos disfrutar de su terraza al aire libre justo al lado del salto de agua. Habrá que repetir en primavera-verano.
Tras la cena regresamos con un poco de prisa ya que nos esperan en uno de los locales de copas para dar una sorpresa a una de las participantes de la ruta que cumple años y nadie la ha felicitado durante todo el día. Pero le espera una unánime felicitación con sus correspondiente tarta justo antes de que termine el día. La sorpresa fue monumental y su cara un poema.
El domingo la cita a las 11h para desayunar.
A las 11h 30m nos esperan en el Museo de Automoción de Mingo en la misma plaza de Cifuentes. A nuestra llegada, se abren unas puertas de madera y aparece un maravilloso ejemplar de Renault Alpine 1300 de los años 70 rugiendo como un tigre.¡Nos parece música!
Nos recibe el propietario de este museo familiar y ¿cómo no?, durante una hora todo gira alrededor de motores, marcas ya desaparecidas, historia de la moto y el coche, nostálgicas y divertidas (a veces picantes) vivencias personales al identificar motos que se tuvieron en la juventud.
En definitiva, un ameno rato que hubo que luchar para tratar hacer entender que acababa, que debíamos realizar otra visita, que nos debíamos ir. ¡Que pesados con los cacharros! Si eres aficionado al mundo del motor en general, y sobre todo a las motos, no dejes de visitar este museo; además Mingo disfruta tanto contándote todo lo que quieras sobre cada uno de los ejemplares, que puedes pasar un rato más largo y ameno de lo que imaginas.
El aperitivo
Hemos quedado para tomar un aperitivo a base de ibéricos en una pequeña tienda dedicada a estos productos que hay junto a la plaza. Diréis que cada vez que hablo de algún lugar que visitamos siempre digo “en la plaza” o “junto a la plaza”, pero así es, todo en Cifuentes está en la plaza o al lado. Es una población de unos 2600 habitantes y por su tamaño todo está concentrado, pero no diréis que no da juego.
Por horario y tiempo disponible, dudamos si hacer o no esta visita, pero como estaba acordada, no era cuestión de fallar y dejar colgado a nadie, así que decidimos cumplir con el programa.
Menos mal que no faltamos porque nos habríamos perdido algo que dejará uno de los recuerdos y momentos más bonitos de este viaje.
Un lugar coqueto
El lugar, un coqueto y acogedor local, dedicado a productos ibéricos de gran calidad, chorizo, lomo, jamón, morcilla y no se cuantas cosas más, a cual más rico y sabroso, todo con “barra libre” de distintas variedades de vino.
Mayte, su propietaria, nos espera en la puerta con una cara de felicidad y una agradable sonrisa, que hacen que, ya solo estar allí merezca la pena.
Una vez dentro el acopio de comida nos deja a todos sorprendidos. Nos preparó tal cantidad y variedad que, de haberlo sabido, deberíamos haber pensado en no concertar restaurante para después. Esto estaba programado como un aperitivo antes de la comida, pero no fuimos capaces de acabar con lo ofrecido. El trato y atención de Mayte inolvidable. Salimos de allí con la sensación unánime de haber estado visitando a una antigua amiga. Sin duda, la próxima vez que vayamos por allí, esto no será solo una sensación. La despedida, como quien se despide de la familia. La primera vez que nos habíamos visto. Gracias Mayte.
Bueno, pues hala, a comer
Las caras, todo un poema. ¿Quién se sienta ahora a comer? ¿Dónde lo metemos?.
Esta vez visitaremos el mesón “La Esquinita”
El lugar precioso, la comida riquísima, pero…….
No había manera, nos esforzamos solo por no hacer un feo al cocinero.
No tuvimos más remedio que ir disculpándonos con el personal que nos atendía. Todo está muy bien, la calidad muy buena, todo riquísimo, de verdad, pero lo que es imposible es imposible. En cada bocado forzado nos venía Mayte a la cabeza.
Regreso
A duras penas conseguimos levantarnos de nuestros asientos y a prepararnos para el viaje de vuelta. Meterse dentro de las ropas que sirven de equipamiento para viajar en moto no fue tarea fácil, como no lo fue subirse encima de las monturas, pero al final se consiguió y nos pusimos en marcha. Ante la duda sobre la ruta a tomar para el regreso, por mayoría se optó por lo más razonable y atractivo; volver por el mismo recorrido que hicimos para llegar hasta aquí el viernes.
Unas pocas gotas, algo de agua en el asfalto, pero afortunadamente la lluvia nos respetó en casi todo el recorrido.
Todos pensando en la próxima salida y alguno pensando en repetir esta ruta.

































